En esta vida pasada mía soy un dragón rojo, macho.
En un primer momento, me veo, soy el mismo dragón rojo descrito en “Vida pasada Dragones 1" y "Vida pasada Dragones 2”. Mi cuerpo es alargado, seguido de una larga cola, todo ello recubierto de escamas rojas. Por la parte superior de mi cola hay una especie de crestas, algo parecidas a las de la cola de los actuales cocodrilos, pero mi cola se iba afinando, y acababa en forma de flecha.
En cuanto a mi cabeza, el morro es algo alargado, y en ambos lados de la misma, a la altura de los ojos, tengo una especie de orejas alargadas y terminadas en punta. En cuanto a mis alas, el armazón o estructura ósea es grande y fuerte, y está cubierta por una especie de membrana de color rojo, y su forma en general son parecidas a las alas de un murciélago, pero mucho más grandes y fuertes.
En el instante de la visión, estoy en un cielo nocturno, suspendido en el aire, manteniéndome así con mis alas, que muevo suavemente.
El cielo está muy oscuro, y cerca de mí hay un planeta de pequeñas dimensiones, en el cual, una buena parte de su superficie está cubierta de lava incandescente, mientras que es resto permanece oscuro. Parece que es un planeta con una importante actividad sísmica, pero sé que está habitado. Además, si es está relacionado con los dragones, es lógico que exista una gran presencia de fuego.
Yo estoy suspendido en el aire en el cielo oscuro, y hay fuego en el aire. Hay otros dragones rojos volando cerca de mi, que echan grandes llamaradas de fuego por sus fauces, pues están luchando contra otros dragones.
Yo mismo siento una familiar sensación de comezón u hormigueo bastante intenso en la punta de mi hocico, lo que indica que siento deseos de escupir fuego, pero siento todo esto muy vagamente, porque estoy en estado de shock: los habitantes del planeta que veo desde el aire han mutado a los dragones, han modificado su ADN y han creado una raza nueva de dragones, cuya forma es bastante similar a la nuestra, como los típicos tragones que se suelen ver en televisión, pero el color de sus escamas es blanco, y tienen el cuello mucho más algo que nosotros y además, el morro lo tienen también más alargado, lleno de dientes puntiagudos.
Como ya he comentado en otras vidas sobre estos maravillosos seres, el corazón de los dragones rojos era excepcionalmente bueno, majestuoso, eran seres divinos con una fuerza increíble, con un amor que nosotros los humanos no conocemos, pues bien, todo eso fue arrancado del corazón de estos nuevos dragones blancos, que fueron convertidos en simples asesinos, estaban diseñados única y exclusivamente para matar.
Para mí esto era terrible. Por un momento, mientras permanecía en el aire batiendo suavemente mis alas, me eludí de la situación, al volver a sentirme como cuando estaba dentro de mi huevo, antes de nacer. Yo era muy pequeñito, estaba enroscado mi cuerpo calentito, y a través de la corteza del huevo me llegaba una luz naranja muy fuerte y mucho calor, y la punta del morro me picaba bastante, tenía una gran comezón, como con ganas de lanzar fuego, y entonces rozaba mi morro contra mi cuerpo. Me sentía en paz, querido.
Entonces vuelvo al mundo real. Hay un gran dragón blanco que ha salido disparado desde el suelo de ese planeta y viene volando directo hacia mí. Sus ojos son de color rojo, aunque no sé si es porque son así o porque reflejan el fuego de la lucha. Su mirada es cruel, viene en picado hacia mí con el único objetivo de matarme y cada vez está más cerca.
Yo permanezco quieto, no quiero que me mate, pero tampoco quiero matarle o atacarle, sólo me defenderé cuando sea estrictamente necesario. Finalmente se lanza hacia mí, estirando sus garras, yo lo escribo, pero llega un momento en el que nuestros cuerpos se entrelazan, y al final le muerdo el cuello y les clavo mis dientes con todas mis fuerzas, porque no me queda más opción. Entonces siento su sangre negruzca chorrear por mi boca, siento su calor y su sabor, y la sensación de horror y repugnancia es indescriptible. En contra de lo que suele decirse sobre los dragones, no son seres malvados, al menos no todos, los dragones rojos como yo mismo eran seres muy puros, que eran llamados a mantener la paz en el universo, la vida y para mí matar, aunque fuera en defensa propia, era algo totalmente aborrecible.
Finalmente, mientras mi cuerpo se convulsionaba de asco y repugnancia, pena y dolor por haberme visto obligado a matar a ese dragón, observo su cuerpo muerto caer hacia el vacío negro.
A mi alrededor hay más dragones rojos que están luchando. Finalmente, los dragones blancos comprenden que nosotros somos más fuertes, que no pueden matarnos, destruirnos, ni salir del planeta, ni el ir a otro lugar, y son llamados a tierra por sus creadores, se repliegan.
Entonces, nosotros tenemos que permanecer vigilando el lugar para que nadie abandone el planeta hasta que no se resuelva el conflicto. Lo que queda claro es que los habitantes de ese planeta han intentado dar una especie de golpe de Estado contra la Hermandad que de alguna manera gobierna en esa zona del universo, muy lejos de donde se encuentra el sistema Solar, es una especie de representación de todos los seres vivos de ese universo, pero por algún motivo, los habitantes de ese pequeño planeta rojo y negro quieren iniciar una guerra, aunque realmente no sé quiénes son los habitantes de este planeta, ni que quieren, pero sí que tienen la tecnología suficiente para modificar el ADN de los dragones y crear nuevas especies, como así lo han hecho.
Mientras el resto de dragones rojos vuelan alrededor del pequeño planeta para que nadie lo abandoné, y montan guardia por si inician una nueva rebelión, yo debo ir a informar a los miembros de esa Hermandad Galáctica. Así que comienzo a batir mis alas con muchísima fuerza y de repente, en el aire nocturno frente a mí, noto una energía muy fuerte que se mueve en ondas concéntricas a partir de un diminuto punto, como cuando se tira una piedra a un estanque y se forman ondas que parten de ese punto, pues igual, pero éstas eran ondas energía, y las había creado yo con la mente, ME ESTABA TELETRANSPORTANDO, ya que atravesé esas ondas y al instante aparecí en otro lugar muy remoto del Universo, en un gran planeta mucho más grande, con un gran un cielo muy azul y muchas nubes.
Aterricé directamente en una explanada de piedra en la que había un templo y de ellos salieron dos humanoides que son mucho más altos que los humanos actuales, medirían al menos tres o cuatro metros, porque yo era bastante grande, y ellos a mi lado eran casi la mitad de altos que yo. Ambos eran hombres, muy altos, con el pelo blanco y muy largo, lacio, los ojos eran muy almendrados y tenían unas extrañas arrugas o pliegues en la piel en la zona del entrecejo.
Vestían una túnica celeste que les llegaba hasta los pies, de manga larga, sujeta a la cintura con un cinturón dorado que parecía ser de oro, trenzado. Y encima de la túnica llevaban una capa blanca que les llegaba hasta los pies. El que estaba situado a la izquierda, llevaba una especie de bastón largo, que le llegaba a la altura de la cabeza, y lo tenía apoyado en el suelo, y en la punta de arriba tenía engarzada una gema blanquecina, ovalada, era una piedra de poder.
Estos dos humanoides fueron los que salieron a recibirme para que yo les diera el informe de la situación. Entonces, muy a mi pesar, les informé sobre la creación de esa aberración de la naturaleza, unos dragones asesinos, y de que los habitantes de ses pequeño planeta rojo y negro evidentemente tenían malas intenciones, estaban preparando una guerra e iban a por todas.
Dentro de mi corazón se expandió un gran dolor por esa situación, por haber tenido que matar a esos seres, porque alguien hubiera hecho algo tan horrible a los dragones como convertirlos en un arma asesina, privándolos de todo lo que realmente nos hacía grandes.
Sé que tengo que volver a ese pequeño planeta y de momento montar guardia hasta que se decida qué va a pasar con esos seres rebeldes y asesinos. Nuestra misión es mantener la paz y el equilibrio en esa parte del universo.
Muchas gracias y hasta la próxima.
A. PILAR MARTÍNEZ RUIZ
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