Vidas pasadas REPTILIANOS Y EVANGELIO DE TOMÁS 1: SANTO TOMÁS ERA UN REPTILIANO
En esta visión vuelvo a visualizar otro instante relevante de la vida pasada mía en la que fui la mujer de Dídimo, el escribiente que transcribió el Evangelio Gnóstico según Tomas, que describo en otros artículos y vídeos sobre esta vida.
En el instante de mi visión, yo ya conocía a Tomás, que había acudido a mi casa en más de una ocasión. En ese momento yo estaba arrodillada en la orilla del rio, lavando la ropa, en esos instantes frotaba una de las grandes camisas de mi marido distraídamente. A mi izquierda, algo lejos de mi otra mujer lavaba también su ropa, pero había una gran tranquilidad en el lugar.
Entonces, sentí una poderosa sensación de ser observada, giré el tronco y miré hacia un grupo de árboles que crecían a cierta distancia del rio, y allí estaba Tomás, tal y como lo describo en el artículo y vídeo antes citado. Estaba de pie, parado a la sombra de los árboles, y me miraba fijamente. A mi me dio alegría verle, porque me gustaba ese hombre, siempre me trataba bien y era portador de un gran mensaje, pero, por otro lado, me sentí profundamente turbada y preocupada, no porque pensase que me podía hacer daño, sino por mi reputación, que en aquellos tiempos era algo muy importante, pues yo era una mujer casada y no estaría bien visto que alguien me viese en ese lugar apartado con otro hombre.
Él caminó hacia mí, pero se mantuvo a cierta distancia, mirándome fijamente. Yo me levanté y me giré hacia él, totalmente desconcertada, pues era evidente que había ido allí únicamente a verme a mí.
Entonces sucedió algo increíble: yo estaba mirando su cara, algo alargada, de piel algo morena, rodeada por sus largos cabellos y barba morena, y esos ojos oscuros, luminosos y llenos de cariño, y entonces una especie de ondulación en el aire situado sobre su cara hizo que esa imagen se desvaneciera, y vi su cara real, NO ERA HUMANO, ERA UN REPTILIANO, la cara era humanoide pero era de color verde, sin nariz, y tenía los ojos amarillos, aunque no lo vi con mucho detalle, pues aún se percibía sobre la cara esa ondulación como grisácea en el aire, aunque más clara. Yo me quedé totalmente paralizada, al principio no podía asimilar lo que había visto, pero poco a poco fui cayendo en la cuenta de lo que significaba, y me llevé las manos a la boca, totalmente aterrorizada, mientras Tomás volvía a mostrarme su cara humana.
Entonces se acercó más a mi, y me dijo que no importaba de qué raza fuese, que su mensaje era el mismo de siempre, que siempre había sido sincero conmigo y con todos, que siempre había sido sincero en su corazón, y me dirigió una cariñosa sonrisa mientras se despedía y, dando media vuelta, de marchó caminando por donde había venido. Yo me quedé un buen rato inmóvil, en estado de shock.
No recuerdo cómo volvía a casa, ni que hice hasta el anochecer, pero en el siguiente instante de mi visión ya estaba tumbada en mi cama, vestida con un camisón de tela blanca con el cuello fruncido en el cuello, de manga larga y hasta los pies, y mi marido roncaba a mi lado. Yo estaba totalmente despierta, pensando una y otra vez en lo que me había ocurrido ese día, pero al final, me pregunté qué sentía yo en mi corazón, y finalmente entendí que en mi corazón nada había cambiado, seguía sintiendo afecto y admiración hacia Tomás, y seguía creyendo en lo poco de su mensaje a lo que tenía acceso. Así que pensé que pronto volverá a venir a casa, y me sentí ilusionada.
A. PILAR MARTÍNEZ RUIZ

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