Esta vida es la continuación de "Viada pasada JESÚS 3: EL EXTRAÑO HOMBRE QUE CURABA". Me vi reflejado en el agua mientras que me lavaba las manos y la cara. Parecía un río de gran caudal, la orilla terminaba como una playa y el agua estaba muy tranquila. El Sol estaba bajo y la vista era preciosa, pues se veían las palmeras y la tierra con el resplandor rojizo del amanecer, la Luna también se veía, estaba más alta que el Sol que empezaba a salir.
Ceca de mí se hallaba un hombre famoso, al que otros seguían, era Jesús pero no le vi la cara, no me atreví a mirarle directamente a los ojos. Llevaba en la cabeza, un manto de color claro, de buena calidad y unas sandalias nuevas y buenas. En general ese hombre famoso iba muy bien vestido y limpio.
Estábamos a las afueras de mi pueblo y una cantidad de gente se disponía a seguirle, así que todos comenzamos a caminar detrás de él.
Había mujeres siguiéndole, al menos yo me fije en tres que iban vestidas de negro y con la cabeza cubierta también de negro con algo parecido a lo que llevan las mongas de ahora, la tela de la ropa de estas mujeres era diferente a la que yo acostumbraba a ver, pues eran finas y brillantes, más propias de nuestra época que de la suya.
Había mujeres siguiéndole, al menos yo me fije en tres que iban vestidas de negro y con la cabeza cubierta también de negro con algo parecido a lo que llevan las mongas de ahora, la tela de la ropa de estas mujeres era diferente a la que yo acostumbraba a ver, pues eran finas y brillantes, más propias de nuestra época que de la suya.
Estas mujeres debían de pesar unos noventa kilos, e iban a la derecha, detrás de Jesús. En un momento dado parece que iba mucha gente pero yo tampoco me fijé en todas las personas y empecé a seguirle y a andar tras él junto a los demás.
Uno de los hombres que iba muy cerca de Jesús, me miró y me dio mucho miedo, era de piel muy oscura con la barba negra y unos ojos negros llenos de un odio muy profundo, me asusté mucho y pensé en irme de allí, lo medité y al final me fui de allí.
Cuando ya me marchaba me volví a girar, y vi como el hombre que me dio tanto miedo me volvió a mirar y entonces lo vi, era un reptiliano malo, terrorífico. Miré al resto de la gente de allí, había gente buena, muy poca pero gente buena y algunos muy malos, era como si lo escoltaran, pero desde luego al menos un reptiliano malo estaba muy cerca de Jesús, a su espalda a la izquierda y decidí volver a mi pueblo y no seguirle, pues me deba muy mal rollo aquel ambiente.
MA
RÍA MARTÍNEZ RUIZ
RÍA MARTÍNEZ RUIZ
0 comentarios:
Publicar un comentario