En esta vida pasada mía, sigo sentada donde ayer, esta es la continuación de " Atlántida 1". Estoy con las piernas metidas en el pequeño canal artificial mientras contemplo el mar azul. Sigo negándome a creer que mi ciudad se destruirá, casi todos se han ido, solo quedamos unos pocos jóvenes esperando que el milagro se realice.
El nivel del mar sube lentamente, no trae mucha corriente, al menos no es destructiva desde donde yo estoy, pero el nivel del mar sigue subiendo y poco a poco va cubriendo la isla, y al final se inuda. Sí, el agua trae algo de fuerza, pero no como para arrastrar todo lo que haya en su camino. Van habiendo pequeños tsunamis que van alcanzando la isla cada vez un poco más, yo lo veo, pero creo que a mi nunca me va legar, que siempre quedara un trocito de isla para mi.
Los últimos habitantes de aquel maravilloso lugar están subidos en tres valsas octaédricas hechas de un material ligero, eran verdes. Vienen a por mí, se acercan a recogerme pues ya no queda superficie donde apoyarme, me resigno a irme, pues ya no hay nada que pueda hacer. Poco a poco desde donde yo estoy el agua sube, sube, sube y al final llega como una corriente que me tira pero no me ahogo pues al no haber nada encima de mi puedo nadar y estas tres balsas vienen a recogerme.
En estas valsas estamos los últimos que quedábamos allí, no sé donde nos llevara la corriente, las aguas están revuelta, pero no nos hundiremos, probablemente sepa nuestro destino, y esté todo calculado, pero yo estoy demasiado traumatizada como para pensar en el futuro. Estas balsas eran bastante altas, era dificil que se undieran, el agua estaba muy revuelta pero no como para volcarlas y en cualquier caso siempre podiamos volver a subirnos, lo pero ya habia pasado.
Aquel día se me rompió el alma, toda mi fe se hundió junto a mi hogar, era mentira que la fe mueve montañas, al menos no frena las aguas, era mentira que tus sueños se hacen realidad, pues mi sueño se acababa de hundir, era mentira que todo está unido, mi vida se hundió aquel día y todavía hoy siento que no he encontrado la paz que perdí entonces.
¿Cómo les diré a los que vengan después de mi, que todo pasa por algo bueno? Que tengan fe en un poder superior que sabe lo que hace, pues yo perdí mi casa, mi futuro, mi destino y moriré en un lugar al que no quiero ir.
No sé cuál era mi trabajo en aquel lugar, pero si no tengo fe, y ahora mismo no la tengo, no podre hacer lo que hacía antes de que ocurriera este terrible suceso.
MARÍA MARTÍNEZ RUIZ
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