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domingo, 20 de marzo de 2016

Vida Pasada AZTECAS 2: GUARDIÁN AZTECA VIGILANDO PIRÁMIDE AZTECA HABITADA POR REPTILIANOS.

En esta vida pasada destaca que LOS AZTECAS SERVÍAN A LOS REPTILIANOS, QUE HABITABAN EN LAS PIRÁMIDES AZTECAS.
En esta vida pasada mía soy un Azteca. Soy un hombre de mediana estatura para nosotros actualmente, aunque en aquella época debía ser considerado alto. Mi piel es bastante morena, con un tono rojo intenso. Estoy delgado, pero tengo la musculatura bastante desarrollada, hago bastante ejercicio físico.
En el instante de la visión, visto un taparrabos blanco, que cuelga como un cuadrado de tela blanco por delante y por detrás, y sobre el luzco una especie de cinturón del que cuelgan muchos abalorios, entre ellos hay conchas y tallas en madera, son una especie de trofeos o premios por tareas conseguidas. Además, llevo un collar o varios collares, de los que también cuelgan muchos pequeños abalorios, y en el brazo derecho llevo un grueso brazalete, como de bronce, no llevo nada más.

Mis ojos son rasgados y negros. Mi cabello es muy moreno, lo llevo algo largo, peinado hacia atrás, con una especie de rastas finitas. Voy muy arreglado, muy aseado, pues soy un guardia importante, no por mi persona, sino por la labor que desarrollo.
En el instante de mi visión, me encuentro con una rodilla hincada en el suelo, y la otra pierna flexionada, con el pie apoyado en el suelo,  y sostengo entre mis manos una gruesa lanza que mantengo vertical a mi lado izquierdo.
Me encuentro junto a una esquina de una pirámide Azteca, de planta cuadrada, construida con grandes sillares de piedra gris, es bastante alta, en forma escalonada, y la parte superior queda bastante lejos de mí vista, sobre la que hay un templo en forma cuadrada.
A escasos metros del perímetro de la pirámide hay una selva tropical, con mucha vegetación y humedad. Yo estoy allí, vigilando la pirámide, sé que a lo largo del perímetro de la pirámide hay muchos guardianes, también vigilando.
En el instante de la visión estoy muy asustado, siento una gran inquietud, una presión en el pecho, por el simple hecho de estar allí, a pesar de que en principio no tenía motivos para temer por mi vida, ya que era un buen guerrero.
En aquel lugar ocurren cosas extrañas a menudo. Recuerdo en alguna ocasión haber visto un rayo de luz blanco de bastante diámetro caer desde el cielo directamente al techo del templo de piedra que hay en la cima de la pirámide, y sé que en el interior de este templo residen reptilianosa los que vemos a veces de lejos cuando se acercan a las terrazas del templo, pero nunca los vemos de cerca, porque no se relacionan con nosotros, al menos no directamente.
 Entonces, de la puerta del templo superior de la pirámide sale el Sumo Sacerdote, un humano bastante alto y fornido muy, ancho de espaldas, cuya piel es del mismo color que la mía, bastante morena y rojiza, y sus ojos son también rasgados y negros, como ocurre con casi todos nosotros. Tiene en su cara una expresión muy severa, y lleva la cabeza rasurada, al igual que todo el cuerpo. Viste una túnica blanca, que le llega hasta los pies, con los brazos al descubierto, y en el cuello también lleva bastantes abalorios de distintos tamaños y colores. En la mano en la mano izquierda sujeta un cetro bastante alto, que llega a la altura de su cabeza desde el suelo.
Entonces, el Sumo Sacerdote comenzó a entonar unas palabras o una especie de cántico, un mantra o algo así. A pesar de que él se encontraba a bastantes metros de altura, por algún motivo éramos capaces de oír perfectamente sus palabras.
Mi nombre sonaba a algo parecido a “Anajaquan”.
El Sumo Sacerdote es un enlace entre nuestra raza y la de los reptilianos. Los humanos jamás que se relacionan con los reptilianos directamente, son muy pocos humanos los que lo hacen. Al Sumo Sacerdote le ha sido entregado parte del conocimiento de los “Dioses del Cielo”, como nosotros los llamamos.
Recuerdo en esta vida pasada la imagen del Sumo Sacerdote sosteniendo unas placas metálicas, de forma rectangular, que tienen grabados unos extraños signos de los de los reptilianos, parecidos a los pictogramas egipcios, quienes habían iniciado al Sumo Sacerdote en la escritura y lectura de textos plasmados en el piedra y en metal, y los colocaban sobre los frisos del templo de la superior de la pirámide, y también en su interior.
A mí, en alguna parte de mi ser me daba mucha envidia, pues a mí también me hubiera gustado ser iniciado en esas artes, tener acceso al conocimiento, pero sabía que eso nunca iba a suceder.
En cuanto a la ubicación de la pirámide, está situada en algún lugar de Centroamérica.
you
Muchas gracias y hasta la próxima.
A. PILAR MARTÍNEZ RUIZ

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