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jueves, 17 de marzo de 2016

Vida Pasada UCDM 2: EL LIBRO SECRETO DE LA VIDA DE JESÚS

Vida Pasada UCDM 2: EL LIBRO SECRETO DE LA VIDA DE JESÚS

Lo que concluyo de esta vida pasada mía es que CUANDO JESÚS ESTUVO EN LA TIERRA SE REDACTÓ UN LIBRO CON TESTIMONIOS DIRECTOS SOBRE ÉL Y SU MENSAJE, EL CUAL FUE DESTRUIDO POR LA IGLESIA.
Solicito ver alguna vida pasada que tenga relación con “Un Curso de Milagros” o el mensaje que éste contiene, si existe alguna, e inmediatamente comienzo a visualizar otra vida pasada mía.
En esta vida pasada mía soy un monje, casi un anciano. En el instante de la visión estoy de pie, visto un hábito marrón oscuro, algo desgastado por los bordes de las mangas y los bajos.

Soy de mediana estatura, tengo la cara arrugada, los ojos se parecen a los que poseo en la actualidad, pero los tenía llorosos, pues estaba muy triste en ese momento. En cuanto a la cabeza, tenía toda la coronilla calva como solían llevarla los monjes, y el resto de mi pelo castaño y lacio, corto.
Estoy en la biblioteca de un convento, muy grande. No sé en qué fecha estaba, pero sí que era anterior a la imprenta. Hay montones de estanterías largas y muy altas, llenas de libros. Estoy de pie junto a una escalera de madera oscura y pulida que utilizamos cuando tenemos que coger o dejar libros en los estantes superiores de las estanterías.
Debe haber cientos de miles, sino millones, de libros allí. No sé exactamente dónde estoy, pero sí que ese convento es un lugar muy discreto, puede que incluso secreto, pues los monjes que allí trabajamos nunca salimos al exterior, nunca nos relacionamos con nadie salvo con los compañeros. Nos dedicamos a copiar todos los libros y a traducirlos a diversos idiomas, es nuestra única función.
En el instante de mi visión estoy como digo de pie junto a la escalera, y me pongo muy triste por lo que tengo que hacer. Entonces, en ese momento me viene a la mente un recuerdo de mi juventud: yo era mucho más joven, vestía un hábito similar, aunque más pequeño, porque era más delgado, y más nuevo también, y no tenía la piel arrugada, tenía los ojos brillantes y siempre estaba sonriendo. Era una persona muy feliz muy optimista, me encantaba mi trabajo, porque tenía acceso a toda la información que se conocía, a todas las ideas, y aparte dominaba varios idiomas, con lo cual no había límites para que yo pudiera leer todo lo que se había escrito, además de que colaboraba a preservarlo. Era muy feliz, hasta que un día sucedió algo que me hizo convertirme una persona taciturna, sería, triste.
Un día, casi a la hora del mediodía, estaba yo de pie frente a mi escritorio. En una parte de la biblioteca cerca de los ventanales había muchos escritorios de madera, cada monje tenía su lugar de trabajo. En ese momento, yo debía de haber finalizado mi última tarea, porque mi escritorio estaba totalmente despejado. Entonces se presentó ante mí uno de los superiores del convento, vestido con el mismo hábito que yo, aunque más nuevo que el mío. También llevaba la coronilla calva, y su pelo era moreno y algo canoso. Sus ojos eran de color azul claro, los conozco, pero no estoy segura de a quién pertenecen en esta vida actual.
Entre sus manos sostiene un gran paquete cuadrado, que no puede ser otra cosa que un libro de grandes dimensiones, envuelto en un trozo de tela basta de color marrón. Se acercó directamente a mí y me dijo que tenía una misión especial para mí. Depositó el paquete sobre mi escritorio, me dijo que lo abriera, así que deshago las dobleces de la tela y efectivamente hay un libro. Es de grandes dimensiones, encuadernado en piel negra, es muy antiguo pero está muy bien conservado. A instancias de mi superior, lo abro por sus primeras páginas, y me doy cuenta enseguida de que está escrito en arameo, lengua que yo domino.
Mi superior me dice que a partir de ese momento mi misión consiste única y exclusivamente en traducir y copiar ese libro, lo más rápido posible, ya que se trata de un libro único en el mundo del que no hay más copias. Se me ordena que sea muy discreto con el contenido de ese libro. Esa advertencia resulta algo extraña, porque nosotros tratábamos con libros de todas las materias habidas en ese momento, con lo cual estábamos acostumbrados a tratar temas delicados, y normalmente nadie se inmiscuía en el trabajo de los demás, cada uno se ocupa sólo de su trabajo, era esencial, porque como todavía no existía la imprenta, para que los libros y las ideas pervivieran era fundamental que se copiarán, pues en caso contrario corrían el serio riesgo de perderse. Así que me quedé intrigado.
Enseguida me siento y comienzo mi trabajo, empiezo a leer y me quedo completamente pasmado, absorbido por ese libro, sigo trabajando incluso de noche, a pesar de que normalmente trabajábamos siempre con luz natural, y malgastar velas era grave, solo se hacía en caso de necesidad, y yo no tuve ningún impedimento para hacerlo.
OS” 2EN ESTE LIBRO SE HAN RECOPILADO TESTIMONIOS DE MUCHAS PERSONAS QUE ESTUVIERON EN CONTACTO DIRECTO CON JESÚS CUANDO ESTUVO AQUÍ EN LA TIERRA.

El libro es de gran calidad, está encuadernado en piel, yo está escrito en vitela, un material muy valioso. O sea, que alguien con mucho dinero y poder se encargó de recopilar todos esos testimonios y ponerlos juntos por escrito. A mí me sobrecogió profundamente, porque daban una imagen de Jesús que nadie me había transmitido nunca, QUEDABA CLARO QUE EL MENSAJE QUE ÉL NOS DIÓ Y LA VIDA QUE ÉL LLEVÓ NO TIENEN NADA ABSOLUTAMENTE NADA QUE VER CON LO QUE PROPUGNAN LAS RELIGIONES.
Se podría decir que nosotros éramos independientes en el cumplimiento de nuestra función, pero se trataba de un convento  de una orden religiosa, y en última instancia trabajábamos para la Iglesia, y a mí aquello me descorazona profundamente, porque yo no dudaba de la fidelidad del texto, y sin embargo había estado escondido, y EL MENSAJE DE JESÚS FUE TOTALMENTE TERGIVERSADO Y MALINTERPRETADO. La única prueba de ello era ese libro, del que existía una única copia, así que por supuesto me desviví por traducirlo a nuestra lengua y copiarlo a la mayor brevedad.
El hecho de saber que gran parte del credo de las religiones no era cierto, y que se protegían a toda costa esas creencias distorsionadas, me sumió en una profunda tristeza que nunca pude superar.
 Entonces vuelvo al presente, al instante inicial de mi visión. Yo  era el encargado de custodiar el libro y su copia traducida a nuestro idioma, pues ya no se me permitió trabajar más con él, me dijeron que lo ocultara yo personalmente y hasta que no estuviera muriendo no podía revelar a nadie dónde estaban.
Yo estaba obligado por mis votos a cumplir aquéllas órdenes, a mantener aquello secreto, lo cual me hacía mucho daño, porque yo deseaba poder compartirlo con todo el mundo, así que deje de ser una persona feliz y me convertí en una persona triste, al comprender la realidad en la que vivíamos de engaño de manipulación, en la que se privaba las personas del conocimiento que yo adoraba por encima de todas las cosas, pues yo sabía varios idiomas, era una persona culta, adinerada y había renunciado al  matrimonio, hijos, y a todo lo demás para dedicarme a lo que estaba haciendo. Por ello, tener que ocultar la información para mí era muy doloroso.
Ahora me había hecho viejo. Se presentó en el convento un emisario de un alto cargo de la Iglesia, que había tenido conocimiento de la existencia de ese libro y lo habían rastreado celosamente hasta dar con su paradero, y habían venido a pedírnoslo. Por ello, mi superior me ordenó que le entregase el libro original y su copia.
Yo estaba junto a una de las estanterías que daba al pasillo central de la biblioteca, junto a la escalera, lloroso porque me dolía muchísimo tener que entregar esos libros, pues sabía que cuando cayeran en manos de la Iglesia serían destruidos o al menos ocultados para siempre, y el mundo ya nunca conocería el verdadero mensaje de Jesús. Pero no tenía más remedio que obedecer, así que con mucho trabajo, subí lentamente tres o cuatro peldaños de la escalera, y en la repisa más alta de esa estantería, cerca del extremo que daba al pasillo, quite varios libros, que apilé en el borde de la repisa algo a la derecha, y dejé al descubierto el fondo de la estantería, que en realidad se trataba de un falso fondo, de poco grosor.
Retiré la madera del falso fondo y allí habían dos libros envueltos en tela blanca, aunque algo amarillenta por el tiempo, el original y el que yo había copiado a nuestro idioma, encuadernado en piel de vaca marrón, y escrito en papel de pergamino, pues al tratarse de un libro secretos, no destinado a personajes ilustres, no se me permitió utilizar vitela. Entonces, cogí los dos libros, los coloqué sobre mi brazo izquierdo, bajé con mucho cuidado la escalera y me dirigí dolorosamente hacia mi destino, que era entregar a mi superior los libros para que los llevara el emisario que había ido a buscarlos.
Sin embargo, cabe decir que gracias a Dios, a través de diversas personas y herramientas como “Un Curso de Milagros”, entre otras, actualmente tenemos acceso al verdadero mensaje de Jesús.
you

A. PILAR MARTÍNEZ RUIZ

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