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jueves, 17 de marzo de 2016

Vidas pasadas PIRÁMIDES EGIPTO 2 (2/3): SACRIFICIO DE BEBE HUMANO POR REPTILIANOS DEL ANTIGUO EGIPTO.


Lo que concluyo de esta vida pasada mía es que LOS REPTILIANOS QUE HABITABAN LA TIERRA DURANTE LA ÉPOCA  DEL ANTIGUO EGIPTO SACRIFICABAN A BEBÉS HUMANOS PARA REALIZAR RITUALES DE SANGRE QUE LES PERMITEN COMUNICARSE CON OTRAS ENTIDADES DEL UNIVERSO.
En esta vida pasada mía soy un Sumo Sacerdote humano al servicio de los reptilianos, el mismo de “Vida pasada con PIRÁMIDES EGIPTO 2(1/3)”Yo era un hombre, alto y fornido. Llevaba la cabeza rapada y el cuerpo depilado.

Mi piel era de color dorado, bastante bronceada. Vestía una especie de túnica negra y larga, sin mangas y cruzada en el pecho, gran parte del cual quedaba al descubierto.
Yo era un Sumo Sacerdote, con una misión muy especial y de gran importancia para los humanos que habitaban la zona en la que me encontraba, que era EgiptoCerca del lugar donde se situaban las pirámides, había una pequeña colina, y allí se habría una Diranna, o puerta de las estrellas, que servía para viajar a otras partes de este planeta o a otros planetas y estrellas.
En el instante de mi visión, estoy postrado en el suelo, arrodillado e inclinándome hasta tocar el suelo con la frente, esperando la llegada de los “Dioses”, que se iba a producir de un momento a otro, orando, meditando, comunicándome con la tierra, sintiendo sus vibraciones en mi frente, en el tercer ojo.
Finalmente me pongo en pie, y al poco tiempo la puerta estelar es atravesada por una pequeña nave biplaza, de forma ovalada, cuya mitad inferior es de color blando, tanto el casco, liso y reluciente, como el interior donde están situados los asientos y el panel de mandos, y la mitad superior consiste en una cubierta, una especie de cúpula de un material  transparente.
En dicha nave ha llegado una pareja de reptilianos, un hombre muy alto, esbelto pero de espaldas anchas, con la piel cubierta de escamas verdes la cara algo parecida a los de los humanos, pero con el morro más prominente y el cráneo totalmente prominente hacia atrás, sin pelo, la nariz apenas se percibe y los ojos son rasgados y amarillos con la pupila negra vertical como la de los gatos. Viste un mono de manga larga, de color blanco, ajustado al cuerpo, y en la mano derecha porta una vara de luz, lo cual a mí me aterroriza, es una especie de báculo largo, que desde sus pies le llega a la altura de media cabeza, y que emite disparos de un potente láser, y a mi me da miedo ese arma, y sobre todo la persona que la porta.
A este macho reptiliano le acompaña una hembra reptiliana muy bella, también tiene toda la piel cubierta de finas escamas verdes, la cara parecida a la de su compañero, pero de facciones más finas, no tiene el pelo, y su morro y sobre todo la parte posterior de su cráneo son prominentes. Es casi igual de alta que su compañero y es delgada y esbelta. Viste un vestido de una especie de gasa blanca que le cubre los pechos y de ahí se anuda al cuello con una serie de gemas engarzadas en la banda que se anula al cuello, un vestido ajustado en todo el taller y luego a la altura de sus caderas cae con algo de vuelvo hasta el suelo. Ella es muy bella aunque en este momento no lleva maquillaje ni adornos.
Ambos reptilianos pasan por mi lado y yo me inclino y los sigo hasta el interior de un templo que está muy cerca de la Puerta Estelar por la que han llegado, pues nos encontramos en una zona algo alejada del río Nilo y que es relativamente tranquila. Una vez penetramos en el templo, transcurre un cierto periodo de tiempo, en el cual sé que los anfitriones han ido a acicalarse y acomodarse, y yo acudo junto con el resto de Sacerdotes humanos, los cuales están sentados en el primer banco de madera de la parte izquierda de la sala principal del templo.
 En la pared del fondo de ese salón hay dos tronos: en el más alto se sienta el macho reptiliano, que en ese momento viste una especie de falda blanca hasta el muslo, ajustada a la cintura por un grueso cinturón de oro con pedrería, y en la espalda lleva un chaleco sin mangas muy amplio de una especie de gasa blanca que le cubre la espalda dejando el pecho al descubierto. En el trono más bajo se sienta a la dama reptiliana, que en esos instantes lleva sobre el cuerpo una especie de corpiño color carne o dorado que le cubre hasta por encima de los pechos y le llega justo por debajo de las caderas, y sobre ese corpiño lleva un ceñido vestido blanco de tela muy finita, casi transparente, de finos tirantes, con escote muy amplio, y en cada tirante lleva como un círculo de oro, y luego es ajustado en todo el taller hasta por debajo de la cadera donde se abren dos aperturas coincidiendo con la zona delantera de cada una de las piernas, y llega hasta el suelo. Ahora ella lleva una peluca negra y además una diadema muy elaborada de un material de color oscuro.
Ambos muestran una piel muy luminosa, parece que van un giros con alguna especie de aceite esencial perfumada, pues desprenden un dulce aroma a plantas aromáticas, flores, perceptible desde una buena parte de la sala. Cabe destacar que bajo la luz de esa sala apenas se perciben sus escamas.
Ambos reptilianos se sientan en los dos tronos de piedra situados en el centro de la pared del fondo del salón. Frente a ellos, casi a la altura de sus pies, a la mitad de una escalinata de piedra hay una especie de altar de piedra, parecido a una mesa o a los altares de las iglesias actuales. Está confeccionado en piedra blanca pero la superficie de su parte superior está tallada con muchas muescas profundas, y el pie de la mesa es un bloque macizo de esa misma piedra blanca, y está totalmente tallado con unos símbolos.
En la esquina derecha del altar hay una gran copa de oro labrada, muy elaborada, que contiene una sustancia que se ha preparado especialmente para esa ocasión. Sé que el ingrediente principal es sangre humana, mezclada con otras sustancias, y que se va a utilizar para el ritual que se va a llevar a cabo a continuación.
El salón es rectangular, y hay bancos alineados junto a las paredes, dejando abierto un pasillo central, tal y como se hace hoy en día en las iglesias, y allí nos sentamos toda la comunidad, tanto los reptilianos como los humanos que residimos allí, pues somos poderosos y vamos a intervenir en ese acto, vamos a presenciar el ritual que se va a llevar a cabo. Yo estoy sentado en la parte izquierda del templo a lo que sería la derecha de los reptilianos, sentados frente a nosotros, y todos los sacerdotes humanos ocupamos el primar bando de esa parte de la salsa. En el extremo de ese banco que da al pasillo central está sentado el que sería el Sumo Sacerdote Superior, y yo estoy el tercero. Todos vestimos una túnica negra de un tejido bastante fino, sin mangas, cruzada sobre el pecho, que queda parcialmente descubierto, y ceñidas a la cintura con un cinturón de oro, larga hasta la mitad de la pantorrilla.
En esos momentos va a comenzar el ritual, y SOBRE EL HAY UN BEBÉ HUMANO DESNUDO QUE ACABA DE SER ASESINADO. El Sumo Sacerdote Superior, que se encuentra más cerca del pasillo central, se coloca frente al altar, casi de espaldas a todos nosotros y de cara a los reptilianos, coge un cuchillo ceremonial negro muy afilado, de hoja no muy larga y se lo clava al bebé en el corazón, lo retuerce haciéndole un agujero, y espera a que la sangre del bebé cubra la superficie del altar labrada, y esa sangre se filtra desde la base del altar hasta la base de piedra, que va tomando algunos caminos, de manera que la sangra va dando color a algunos de los signos labrados en la piedra, mientras que otros permanecen blancos, y de este modo se ofrece un mensaje, pues estamos ante una de las formas de oráculo que usaban los reptilianos.
Al comienzo del ritual, un gran haz de luz blanco muy potente entra por el oculus que debía haber en el techo del templo y esa luz proviene directamente de alguna estrella de algún lugar del universo, está teniendo lugar algún fenómeno astrológico en el cielo al momento en el que se derrama esa sangre, y así UNA INTELIGENCIA QUE PROVIENE DE ALGUNA PARTE REMOTA DEL UNIVERSO GUIA LA SANGRE DE ESE BEBÉ HUMANO, DIBUJANDO UN MENSAJE EN EL ALTAR DE PIEDRA.
Cuando el bebé ya se ha desangrado totalmente, se acerca un hombre con un gran paño blanco, lo envuelve y se lo lleva. Su carne va a ser objeto de otros rituales, pero ya no es necesaria su presencia allí. Ha sido sacrificado en honor a esa fuerza que nos está hablando ahora a través de la sangre del niño.
Los humanos allí presentes estamos ciertamente sobrecogidos por los misterios que los reptilianos son capaces de dominar, pero no sentimos ninguna pena por el hecho de que se haya asesinado a un bebé humano. Para nosotros creo que no es ni mucho menos la primera vez que presenciamos este tipo de rituales.
Finalmente, el macho reptiliano que preside el ritual se levanta del trono, se sitúa junto al altar, levanta sus brazos hacia el techo mirando esa luz tan potente que todavía ilumina al altar, y procede a desvelarnos el mensaje que proviene del cielo, el cual no consigo recordar.
you
Muchas gracias y hasta la próxima.
A. PILAR MARTÍNEZ RUIZ

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