En esta vida pasada mía soy un hombre joven. En el instante de mi visión, estoy de pie en el desierto. Llevo una especie de pañuelo blanco en la cabeza que me protege del ardiente sol, sujeto a la altura de la frente con un cordón trenzado de color amarillo. Visto una túnica larga y blanca, o más bien de color beige clarito.
Mi piel es bastante bronceada por el sol. Estoy muy delgado de cara y de cuerpo. Lo que más destaca de mi persona son mis ojos, que son muy verdes, es un color muy poco común incluso en la actualidad, pero aún más en aquella zona, donde la gran mayoría de la población posee rasgos árabes. Esos ojos me identifican como miembro de una familia muy concreta, conocida por realizar la labor que yo estaba llevando a cabo en ese momento. Incluso intuyo que de alguna manera nos han creado a propósito con esos ojos diferentes por ese motivo, para identificarnos ante los sabios y que pudiesen confiar en nosotros sin dudar.
En el instante de mi visión estoy en un desierto, y junto a mí hay otro hombre que está agachado en el suelo y viste igual que yo. Estamos parcialmente ocultos tras dos rocas grandes, y un poco más lejos de nosotros hay un camino bastante ancho que debe ser importante o conectar lugares importantes, porque es ancho y está bien cuidado y aplanado. Por allí circula en caballo una avanzadilla de un ejército romano. No sé si nos buscan a nosotros, o si simplemente pasaban por allí, pero sí sé que no deben encontrarnos, y que si lo hacen moriremos.
En el suelo, junto nosotros, hay una cartera de cuero oscuro, confeccionada con una larga tira de cuero curvada sobre sí misma, cuyos laterales están cosidos a mano, y la tapa se ata con finas tiras de cuero. En ese momento, la certera está parcialmente abierta y veo que dentro hay muchos rollos de papiro.
Nosotros somos custodios de documentos. En ese momento nos encargamos de llevar documentos que escriben ocultamente los sabios de un determinado lugar para entregarlos a otros sabios que residen lejos de allí. Lo que escriben unos se lo pasamos a otros estudiosos para que contrasten su información. En algún lugar toda esta actividad se registra.
Estos documentos que custodiamos en ese instante están relacionados con los textos herméticos, pero no con los textos de Nag Hammadi.
Aunque no puedo asegurar la época exacta, creo que me encontraba en alguna fase inicial del cristianismo, pues lo cierto es que se destruía toda la información que chocara con la oficial, y se ejecutaban a los que la poseía.
Muchas gracias y hasta la próxima.
A. PILAR MARTÍNEZ RUIZ
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