Lo que concluyo de esta vida pasada mía es que LOS REPTILIANOS HABITAN CIUDADES EN EL INTERIOR DEL PLANETA TIERRA JUNTO CON SERES HUMANOS.
A petición de algunos de nuestros seguidores, solicito tener acceso a alguna vida pasada mía que tenga relación con las ciudades intraterrenas de nuestro planeta Tierra, si es que he vivido alguna.
Inmediatamente comienzo a visualizar otra vida pasada mía en la que soy un hombre humano, bastante alto, delgado, mis ojos son bastante parecidos a los que poseo en la actualidad, aunque algo más oscuros y almendrados, mi pelo es más es moreno y lacio, y lo llevo bastante largo, y también llevo una barba bastante poblada.
El mi resto del cuerpo también es bastante velludo, y visto al estilo de los hombres prehistóricos: una piel de animal con bastante pelo largo y marrón, sujeta a uno de mis hombros, dejando el otro hombro y parte del pecho al descubierto, y que me llega casi a la altura de la rodilla. Visto así porque yo procedo de la superficie terrestre pero los reptilianos me han llevado bajo tierra a sus ciudades subterráneas y allí el clima es suave, las temperaturas son siempre cálidas, pero no tengo otra cosa que ponerme.
En el instante de la visión, estoy de pie en una pequeña ladera herbosa, contemplando la luz naranja que hay en el horizonte, el atardecer, el final de un día de trabajo.
Yo procedo de la superficie terrestre, y como decía anteriormente, me han llevado a vivir allí a esa ciudad subterránea. Sé que ya nunca volveré a ver la luz del sol y el cielo azul de de la superficie del planeta. Llevo poco tiempo viviendo bajo tierra y todavía me cuesta trabajo asimilar todo lo que veo, esa luz naranja del atardecer.
He estado todo el día trabajando, algo lejos de la ciudad, en temas relacionados con la agricultura. He estado cultivando vegetales en plantaciones cercanas a la ciudad, y en ese momento regreso caminando a la ciudad de piedra, pero me he detenido unos instantes a contemplar esa luz naranja, y a pensar en que siento cierta añoranza del mundo exterior, sobre todo porque sé que ya nunca podré volver allí y que si tengo hijos nunca saldrán fuera de allí, pero esa nostalgia se confunde con otros sentimientos, pues en estas ciudades intraterrenas soy muy bien tratado, estoy seguro y tengo todo lo que necesito para vivir. Es cierto que debo trabajar para los reptilianos y cumplir mi papel pero soy respetado, camino en libertad desde mi habitáculo al trabajo y del trabajo a mí habitáculo, sé que nadie me va agredir, nadie me va a hacer daño.
Sigo caminando hacia la ciudad. El terreno en el que me encuentro está separado del terreno en el que se encuentra la ciudad por una falla de bastante longitud y de una profundidad incalculable, hay un pequeño puente construido con bloques de piedra gris clara que salva esa falla, y sigo caminando por una pendiente descendente, cubierta de hierba corta, y algo más adelante contemplo la ciudad a la que me dirijo.
Esa ciudad reptiliana está totalmente construida de piedra, es de corte cuadrado, y está dividida en calles cuadradas que se cortan perpendicularmente, en las que hay construcciones de piedra de no mucha altura.
En el centro de la ciudad se alza la gran pirámide cuadrada, en cuya cumbre hay un templo cuadrado. Allí es donde residen los reptilianos. A la derecha de esta ciudad de piedra hay una zona herbosa, donde la vegetación todavía no es muy densa, y allí se alzan las cabañas en las que residen los humanos, los cuales todavía no somos muy numerosos allí, y por eso están trayendo a humanos del exterior, para que trabajen allí y procreen.
Los humanos somos una raza trabajadora al servicio de los reptilianos, pero en nuestro poblado somos libres de vivir según nuestras preferencias, nos respetan.
Alrededor de la ciudad de piedra y las cabañas de los humanos se abre una vegetación tropical bastante densa. Esta ciudad está algo apartada, es una zona muy tranquila, pues hay numerosas ciudades mucho más grandes y mucho más habitadas que esta, pero este es un lugar de retiro y de descanso, dónde habitan unos cuantos reptilianos que buscan paz y tranquilidad.
Finalmente, voy caminando hacia las cabañas donde vivimos los humanos, de forma circular, construidas con largas ramas y cubiertas de ramas y hierba seca, amplias y cómodas, pues allí la temperatura es muy suave y la vegetación es abundante, por lo que estamos bien alimentados, aunque debamos trabajar, estamos bien cuidados, en realidad es un lugar seguro.
13/01/2.016.
A. PILAR MARTÍNEZ RUIZ
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