Pido a Jesús que me guíe a visualizar alguna
vida pasada a la que yo pueda acceder sobre su verdadero mensaje, el que
difunde en “Un Curso de Milagros”.
Inmediatamente, comienzo a visualizar un
pasaje de otra vida pasada mía que ya he visualizado en diversas
ocasiones y que iré publicando: fui uno
de los Apóstoles que seguía a Jesús.
En el instante de la visión es
de noche. Hay una pradera, y allí, al aire libre, hay una fuente de agua: su
base es cilíndrica, construida con piedras, de algo más de un metro de altura,
hasta la cintura de un hombre adulto, y de unos setenta centímetros de diámetro
aproximadamente.
Junto a la fuente está el
Maestro Jesús, de pie, meditabundo, a pesar de que el resto de nuestros
acompañantes ya duermen. Yo he sentido que me llamaba mentalmente y me acerco a
Él lentamente, admirado, pues aunque yo ya llevo bastante tiempo acompañándole,
y he visto muchas cosas asombrosas, es todo un privilegio poder compartir unos
instantes a solas con Él.
Jesús me hace un gesto para que
me acerque, y yo me coloco frente a él, junto a la fuente. Yo,
teniendo en mente todas las cosas prodigiosas que he visto, le digo que me
muestre cómo es el mundo en verdad: entonces Él pasa la mano
sobre la superficie del agua tranquila de la fuente, y me insta a que mire el
agua. Yo bajo mi mirada hacia la superficie del agua, y veo totalmente
asombrado cómo en el agua comienzan a brillar miles de soles, van apareciendo
diferentes galaxias, millones y millones de soles brillan ante mis ojos y
entonces Jesús me dice: “ESTOS SON MUCHOS DE LOS UNIVERSOS QUE
ARDEN AHORA, PERO TÚ SABES QUE AUNQUE LOS ESTÁS VIENDO CON TUS OJOS, EN
REALIDAD NO ESTÁN AHÍ, PUES ASÍ ES EL MUNDO, LO VES CON TUS OJOS, PERO NO
ESTÁ AHÍ. EL DÍA EN EL QUE VEAS QUE ESTO, HALLARÁS EL REINO DE LOS CIELOS”. Las imágenes desaparecieron de
la superficie del agua. Tras ello, Jesús me dirigió una dulce sonrisa y supe
que la conversación había tocado a su fin, así que le hice una leve reverencia
con la cabeza y silenciosamente di media vuelta y me marché por donde había
venido.
Bajé caminando por una suave
pendiente y llegué a un pequeño valle donde estaban los otros seguidores de
Jesús, todos dormidos, tendidos en el suelo con las cabezas situadas en las
leves pendientes del terreno, arropados en sus mantos. Contemplé a estas
personas y por un momento me pregunté si sería posible que fuese cierto lo que
me ha dicho el Maestro, que estos hombres que estaba viendo con mis propios
ojos en realidad no estuviesen aquí.
En el centro del valle ardía
una hoguera, y me acerque a ella y me
incliné para calentarme un poco, y mientras sentía el calor en mis manos, en mi
cuerpo, sentí una punzada de inquietud: amaba al Maestro muy profundamente, y
no quería decepcionarlo, por eso me preocupaba no ser capaz de entender
exactamente qué me había querido decir, así que me dirigí hacia una de las
pendientes de una suave colina y tras envolverme bien en mi manto, me tumbé en
el suelo, y mientras esperaba a que acudiese el sueño, me hice el firme
propósito de a partir de ese momento observar toda la realidad con una mirada
nueva, observar y ver si era capaz de percibir lo que el Maestro había intentado
transmitirme, aunque no se presentaba una tarea fácil aceptar, entender y
asimilar que todo el mundo que me rodeaba en realidad no era lo que parecía
ser.
A. PILAR MARTÍNEZ RUIZ
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