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lunes, 21 de noviembre de 2016

Vidas Pasadas ENIGMAS 20: AVISTAMIENTO DE BARCO FANTASMA DE OTRA ÉPOCA

Lo que destaco en esta vida pasada mía es que a lo largo de la historia se han dado múltiples avistamientos de barcos fantasmas, distintos a los existentes en la época, y sin tripulación ni rastro de vida alguna.

En esta vida pasada mía, soy un hombre de mediana edad, mi cara se parecía a la de mi vida actual, alto y delgado, y tengo el pelo castaño y largo y bigote y barba también castaños. Visto una camisa blanca, amplia, un pantalón hasta la rodilla marrón, chaleco también marrón y unas botas altas.

Soy un marinero. En el instante de la visión estoy en un barco en alta mar. Yo soy el segundo al mando, el Capitán del barco en la vida actual es mi marido, éramos muy amigos, incluso puede que algo más, era adoración y muchísimo amor lo que yo sentía por aquel hombre.

Estábamos en alta mar, no estoy segura del punto exacto donde nos encontrábamos, pero sí sé que navegábamos por el Atlántico, por encima del ecuador al menos, puede que más al norte, pero en cualquier caso el clima era cálido. Estábamos haciendo una travesía por alta mar, llevábamos bastante tiempo navegando, en un barco de madera de bastante envergadura, no sé de qué tipo concreto se trataba, no me llega la época exacta, pero creo que estamos en el siglo XVIII. Habíamos bastantes hombres a bordo, al menos quince hombres.

En el instante de la visión estábamos a media mañana, cerca del medio día. Era un día sin incidentes, pues el mar estaba muy tranquilo. Yo caminaba por la cubierta del barco y me acerqué al borde, mirando el mar. Todo estaba en calma. De repente, cerca del medio día, un silencio espectral. Yo me vuelvo a acercar al mismo lugar de la cubierta, miro al horizonte y veo un barco enorme, el más grande que hubiésemos visto jamás, bastante lejos todavía, pero que se acercaba directo a nosotros. Todos lo vimos y oímos, nuestro barco no tenía motor, navegábamos a través de las velas, sin embargo, ese otro barco era enorme, y se impulsaba por un motor que todos podíamos oír. Por lo demás todos seguíamos paralizados y mudos.

Al fin, yo me giré, y miré hacia arriba al vigía, y le pregunté si había visto ese barco antes, y contestó que no. Es decir, no había nada en el mar completamente en calma, y al segundo siguiente allí estaba ese enorme barco. En seguida vino el capitán y se puso al corriente de la situación.

Para mí, aquella visión era un presagio de muerte, puede que se debiera a que en aquella época los marineros éramos muy supersticiosos, pero aquella visión de un barco fantasma me asustó.

Todos estábamos muy impactados. El barco se siguió acercando a una velocidad desconocida para nosotros, que viajábamos impulsados por el viento en un mar que en aquellos momentos estaba en calma total, íbamos bastante despacio en comparación a la gran velocidad de ese otro barco, que se siguió acercando a nosotros, a unos doscientos o trescientos metros de distancia, puede que algo más, pero pasó delante de nuestro barco. Era un transatlántico moderno, de metal, enorme, tenía muchos pisos de ventanas, estaba pintado de negro, poseía varias chimeneas que echaban humo, oíamos el motor que lo impulsaba, en fin, era algo totalmente desconocido en nuestra época.

Durante las horas que lo estuvimos viendo, desde cerca del medio día hasta la tarde, al menos dos o tres horas, nadie habló, ni comió ni a penas se movió. Estábamos muy asustados. Aunque el barco moderno pasó muy cerca de nosotros, no vimos ni rastro de la tripulación, ni pasajeros, ni rastro de vida humana, a pesar de que el barco se encontraba en pleno funcionamiento.

El barco se pasó frente al nuestro, nos pasó y tras avanzar cierta distancia, cuando caía la tarde, en un momento dado, desapareció sin más. Lo veíamos y, al instante siguiente ya no estaba allí. Igual que apareció, desapareció.

Finalmente, desafortunadamente mi presagio de muerte se cumplió. Al anochecer empezó a levantarse un viento muy fuerte, y casi de la nada se levantó una tormenta muy fuerte, que duró toda la noche. Cuando amaneció no sabíamos dónde estábamos, el Capitán tuvo que elegir un rumbo que seguir, pero no sabíamos dónde estábamos, y pasaban los días sin que encontráramos ningún punto de referencia, ni tierra, ni nada, y tras varios días navegando, finalmente se levantó una segunda tormenta bastante fuerte, y el barco se hundió. Algunos de los tripulantes consiguieron aferrarse a algunos objetos y flotar en el agua durante un tiempo, pero finalmente, todos fueron muriendo, y yo morí el último de todos, contemplando el cadáver de mi gran amigo, el Capitán. Todos morimos, sin poder dar parte de ese avistamiento imposible del que fuimos testigos.


JESSICA MARTÍNEZ RUIZ
BLOG-TODOREPTILIANOS
09/11/2.016.


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