Lo que destaco en esta vida pasada mía es que a lo largo de la historia se
han dado múltiples avistamientos de barcos fantasmas, distintos a los existentes
en la época, y sin tripulación ni rastro de vida alguna.
En esta vida pasada mía, soy un
hombre de mediana edad, mi cara se parecía a la de mi vida actual, alto y
delgado, y tengo el pelo castaño y largo y bigote y barba también castaños.
Visto una camisa blanca, amplia, un pantalón hasta la rodilla marrón, chaleco
también marrón y unas botas altas.
Soy un marinero. En el instante
de la visión estoy en un barco en alta mar. Yo soy el segundo al mando, el
Capitán del barco en la vida actual es mi marido, éramos muy amigos, incluso
puede que algo más, era adoración y muchísimo amor lo que yo sentía por aquel
hombre.
Estábamos en alta mar, no estoy
segura del punto exacto donde nos encontrábamos, pero sí sé que navegábamos por el Atlántico, por encima
del ecuador al menos, puede que más al norte, pero en cualquier caso el clima
era cálido. Estábamos haciendo una travesía por alta mar, llevábamos bastante
tiempo navegando, en un barco de madera de bastante envergadura, no sé de qué
tipo concreto se trataba, no me llega la época exacta, pero creo que estamos en el siglo XVIII. Habíamos bastantes
hombres a bordo, al menos quince hombres.
En el instante de la visión estábamos
a media mañana, cerca del medio día. Era un día sin incidentes, pues el mar
estaba muy tranquilo. Yo caminaba por la cubierta del barco y me acerqué al
borde, mirando el mar. Todo estaba en calma. De repente, cerca del medio día,
un silencio espectral. Yo me vuelvo a acercar al mismo lugar de la cubierta,
miro al horizonte y veo un barco enorme,
el más grande que hubiésemos visto jamás, bastante lejos todavía, pero que se
acercaba directo a nosotros. Todos
lo vimos y oímos, nuestro barco no tenía motor, navegábamos a través de las
velas, sin embargo, ese otro barco era enorme, y se impulsaba por un motor que
todos podíamos oír. Por lo demás todos seguíamos paralizados y mudos.
Al fin, yo me giré, y miré hacia
arriba al vigía, y le pregunté si había visto ese barco antes, y contestó que
no. Es decir, no había nada en el mar
completamente en calma, y al segundo siguiente allí estaba ese enorme barco.
En seguida vino el capitán y se puso al corriente de la situación.
Para mí, aquella visión era un
presagio de muerte, puede que se debiera a que en aquella época los marineros éramos
muy supersticiosos, pero aquella visión de un barco fantasma me asustó.
Todos estábamos muy impactados.
El barco se siguió acercando a una
velocidad desconocida para nosotros, que viajábamos impulsados por el viento en
un mar que en aquellos momentos estaba en calma total, íbamos bastante despacio
en comparación a la gran velocidad de ese otro barco, que se siguió acercando a
nosotros, a unos doscientos o trescientos metros de distancia, puede que algo más,
pero pasó delante de nuestro barco. Era
un transatlántico moderno, de metal, enorme, tenía muchos pisos de ventanas,
estaba pintado de negro, poseía varias chimeneas que echaban humo, oíamos el
motor que lo impulsaba, en fin, era algo totalmente desconocido en nuestra época.
Durante las horas que lo
estuvimos viendo, desde cerca del medio día hasta la tarde, al menos dos o tres
horas, nadie habló, ni comió ni a penas se movió. Estábamos muy asustados.
Aunque el barco moderno pasó muy cerca
de nosotros, no vimos ni rastro de la tripulación, ni pasajeros, ni rastro de
vida humana, a pesar de que el barco se encontraba en pleno funcionamiento.
El barco se pasó frente al nuestro, nos pasó y tras avanzar cierta
distancia, cuando caía la tarde, en un momento dado, desapareció sin más. Lo veíamos
y, al instante siguiente ya no estaba allí. Igual que apareció, desapareció.
Finalmente, desafortunadamente
mi presagio de muerte se cumplió. Al anochecer empezó a levantarse un viento
muy fuerte, y casi de la nada se levantó una tormenta muy fuerte, que duró toda
la noche. Cuando amaneció no sabíamos dónde estábamos, el Capitán tuvo que elegir
un rumbo que seguir, pero no sabíamos dónde estábamos, y pasaban los días sin
que encontráramos ningún punto de referencia, ni tierra, ni nada, y tras varios
días navegando, finalmente se levantó una segunda tormenta bastante fuerte, y
el barco se hundió. Algunos de los tripulantes consiguieron aferrarse a algunos
objetos y flotar en el agua durante un tiempo, pero finalmente, todos fueron
muriendo, y yo morí el último de todos, contemplando el cadáver de mi gran
amigo, el Capitán. Todos morimos, sin poder dar parte de ese avistamiento
imposible del que fuimos testigos.
JESSICA MARTÍNEZ RUIZ
BLOG-TODOREPTILIANOS
09/11/2.016.
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