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jueves, 19 de enero de 2017

Vida Pasada ENIGMAS 21: BIBLIOTECA SUBTERRÁNEA SECRETA SOBRE SABIDURÍA ALIENÍGENA.

Lo que destaca en esta vida pasada mía es que EN EL PLANETA TIERRA EXISTE O HA EXISTIDO UNA GRAN BIBLIOTECA SUBTERRÁNEA QUE RECOGE TODA LA SABIDURÍA EXTRATERRESTRE, SEGURAMENTE REPTILIANA, además de HÍBRIDOS REPTILIANO-HUMANOS.

En esta vida pasada mía soy un hombre. Soy alto, delgado, bien parecido, con el pelo corto hasta las orejas, de color castaño oscuro, y barba del mismo color, bastante poblada pero bien recortada. Visto una túnica blanca, amplia, de un rico tejido, por todo lo cual se ve que soy alguien adinerado. En cuanto a mi identidad, solo percibo que me llamo Leandro.

Estoy de pie en la entrada de un templo, semi oculto tras una de las columnas acanaladas del pórtico, mirando hacia la amplia avenida empedrada que se extendía desde la escalinata de acceso al templo en el que me encontraba.

No me llegó con claridad el lugar en el que me encontraba, pero debía ser la Grecia clásica o algún lugar cercano, y la época era la del estilo dórico o predórico, lo que confirmé al mirar el capitel de la columna junto a la que me encontraba.

Yo estaba esperando a alguien, una especie de espía, alguien que guardaba secretos y podía ser peligroso, por lo que me sentía bastante nervioso, temeroso, pero también excitado, expectante. Finalmente, veo una figura a lo lejos que camina hacia mí por la avenida empedrada, y cuando está más cerca, confirmo que es a quien estaba esperando. Se trata de un “hombre” alto, delgado, con el pelo largo y moreno, y larga barba morena, piel oscura, vestido con una larga túnica de color negro, vistiendo además un manto también negro que le cubría la cabeza. Aparentemente se trataba de un ser humano semejante a cualquier otro, pero sus ojos le delataban: eran de un color verde turquesa muy brillante que no era propio de ningún ser humano, y menos en aquella zona mediterránea.

ESTE “HOMBRE” NO ERA COMPLETAMENTE HUMANO, SINO QUE POSEÍA ADN ALIENÍGENA, SEGURAMENTE DE TIPO REPTILIANO.

Cuando él llegó junto a mi, subió la escalinata de piedra y me saludó inclinando la cabeza, y yo hice lo mismo. Me llegó de él un intenso aroma, que al principio no podía identificar completamente, pero que me pareció como a una mezcla de hierbas aromáticas.

Era evidente que nos conocíamos, y yo le invité inmediatamente a seguirme al interior del templo, a un lugar privado. Ese templo era grande e importante, debía ser uno de los principales centros del saber para los seres humanos de ese momento. Pasamos junto a una amplia biblioteca, con muchos atriles de madera para sentarse a escribir, pero en esos momentos estaba totalmente vacía. Finalmente, llegamos a mi despacho privado, al cual no podía acceder nadie sin mi permiso, pues solo se podía llegar al mismo a través de un pasillo custodiado por dos guardias armados.

Mi despacho privado era de muros, techo y suelo de piedra, algo pequeño pero elegante y acogedor, presidido por un bonito atril de madera tallada en  el que me sentaba a trabajar en privado. En la pared situada a la izquierda del atril, había colgado un gran paño cuadrado de un color rojo vivo, que tenía bordado con hilos plateados el símbolo de la semilla de la vida, lo cual me impactó, pues en la actualidad es un símbolo con el que tengo mucha relación, incluso es el icono de este blog y del canal de You Tuve de vidas pasadas.

Una vez allí, ese hombre, por llamarlo de algún modo, sacó de entre sus ropas dos rollos de papiro y me los entregó. ESOS DOCUMENTOS CONTENÍAN PARTE DE LA SABIDURÍA ALIENÍGENA CON LA QUE ESTABA EMPARENTADO ESE HOMBRE, Y CREO QUE ERAN DE TIPO REPTILIANO. Él me traía constantemente documentos de este tipo y yo los iba traduciendo a mi lengua, que creo que era griego, aunque no estoy completamente segura.  Por algún motivo que desconozco, deseaban que toda su sabiduría, que sin duda tenían compilada en medios que nosotros no podíamos ni imaginar, fuese traducida al idioma de los humanos más inteligentes del momento. Puede ser que temieran que sus archivos pudiesen ser destruidos, o que precisasen colaborar con algún humano.

A mí me habían entregado unas láminas de un material desconocido en la tierra, parecido al plástico pero que se podían disolver en líquido con facilidad, en los que aparecían los símbolos que utilizaban esos alienígenas para escribir, que eran muy similares a la escritura cuneiforme que figura en las conocidas tablillas sumerias, puede que fuese el mismo, o similar, pero en cualquier caso no utilizaban un alfabeto parecido al nuestro, y su lengua, por llamarla de algún modo, era mucho más rica que la nuestra, muchas cosas no se podían traducir literalmente. Pues en esas láminas figuraban sus símbolos, y su correspondencia más aproximada con las letras de nuestro alfabeto, a fin de que yo pudiese traducir sus textos.

En caso de peligro, de que invadiesen el templo o tratasen de robar dichas láminas, tenía orden de protegerlas con mi vida, y en caso de peligro debía destruirlas para que no cayera en otras manos. Si las acercaba a la vela, arderían en cuestión de segundos. Dichas láminas las tenía escondidas en un compartimento secreto situado bajo una de las baldosas de piedra del suelo de mi despacho, situada en una de las esquinas. Pues en la pared contigua al escondite había un estrecho estante, y sobre el mismo siempre descansaba una pequeña ánfora de barro cocido, barnizada y con una tapa del mismo material, que contenía alguna especie de líquido bastante ácido, creo que podría ser vinagre o algo similar, y si lo vertía sobre las láminas, la tinta desaparecería de inmediato, se trataba de otra medida de protección.

Horas más tarde, cuando el misterioso hombre se había marchado y yo ya había traducido al menos una parte importante de los papiros que me había entregado, yo me encontraba dando nerviosos paseos alrededor de mi atril.

LOS TEXTOS QUE HABÍA TRADUCIDO TRATABAN SOBRE GENÉTICA, Y SUS USOS PARA CREAR SERES, ENTRE OTRAS COSAS, TODO ELLO COMPLETAMENTE INIMAGINABLE HASTA ENTONCES PARA LA HUMANIDAD. Aunque yo conocía ya de memoria todos los símbolos del lenguaje alienígena, me arrodillé en el suelo y saqué las láminas del escondrijo secreto, envueltas cuidadosamente en cuero blanco, pues lo que había traducido era tan insólito que deseaba asegurarme de que lo había traducido bien.

Cuando terminada de trabajar, siempre guardaba el resultado de mi trabajo en el escondite secreto. Las traducciones que realizaba las iba copiando en pliegos der vitela, de un centímetro de espesor, aproximadamente,  ya cosidas. Esos pliegos se los entregaba a mi misterioso visitante cuando los completaba, y luego por orden eran encuadernados.

En mi mente tuve una imagen de la biblioteca en la que guardaban todos los libros fruto de mi trabajo. Era una biblioteca ultra secreta, estaba en nuestro planeta, pero oculta en una sala subterránea, hermética, en la que habían muchos estantes llenos de libros, todos con idéntica encuadernación, en cuero marrón oscuro, con grabados dorados en el lomo y en la tapa superior, en la que había una gran cruz dorada. Todos esos libros contenían toda la sabiduría de al menos una raza alienígena, y creo que es posible que siga existiendo en la actualidad.


JESSICA MARTÍNEZ RUIZ
BLOG-TODOREPTILIANOS



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