En esta vida pasada mía, estaba en una calle esperando que pase algo o alguien, hay mucha gente gritando, era un acontecimiento importante. Por el medio de la calle pasaba un hombre con un atuendo claro de buena calidad, le llegaba a media pierna y llevaba algo así como cinturón. Este hombre tenía las manos atadas delante y con las palmas hacia arriba.
Unos de los guardias romanos que intentaban contener el gentío fue derribado de un puñetazo y ahí todo se descontroló.
Conseguí verle los ojos solo un segundo, pues la muchedumbre se abalanzó sobre él y ya no pude verle la cara. Era Jesús, tenía una mirada que no se puede describir, hipnótica, penetrante, simplemente te atravesaba el alma. Los ojos eran claros, no eran azules ni verdes ni blancos, solo muy claros, es comprensible que la gente le siguiera y le creyera cuando decía que era hijo de Dios, pues ningún humano puede tener una mirada como esa, la descripción más aproximada que puedo dar es que era infinita.
En un momento dado la avalancha de gente se unió, se juntó en medio de la calle y a Jesús le desataron la cuerda que le ataba las manos, llevaba como siete vueltas de cuerda y unos nudos. Después de desatarle se camufló entre la gente y Jesús se escabulló
Jesús no llevaba nada en la cabeza, ni manto, ni espinas, ni nada, iba limpio, bien vestido como dije antes, con el pelo castaño y brillante. No sé si lo acababan de detener, pero por la gente que había es posible que ya viniera o fuera de un juicio o algo parecido, PERO DE ALLÍ SALIÓ VIVO Y SANO, OCULTADO POR LA MUCHEDUMBRE.
Jesús no iba demasiado escoltado por los soldados romanos, dos caminaban junto a él, y los otros dos lo que hacían no era escoltarlo a él, sino contener a la gente que se quería avanzar hacia Jesús. Al guardia que estaba en mi lado de la calle le pegaron un puñetazo, éste cayó al suelo y perdió el control, entonces fue cuando la gente aprovechó para abalanzarse hacia donde estaba Jesús y se formó la avalancha. El otro guardia no pudo hacer nada para impedir que la gente se abalanzara y para cuando los guardias quisieron tomar el control del asunto ya no vi a Jesús, desapareció entre la multitud.
MARÍA MARTÍNEZ RUIZ
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