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domingo, 20 de marzo de 2016

Vida pasada ENIGMAS 6: MUJER RECIBE EN SU CASA A SANTO TOMÁS, QUE DICTA A SU ESPOSO Y ESCRIBE SU EVANGELIO.

En esta vida pasada yo era una mujer.
En el instante de la visión estaba de pie en el umbral de la puerta de mi casa, abierta, mirando hacia el exterior. Vivo en una casa muy rústica, con paredes hechas con barro y piedras, encaladas de blanco, estoy de pie en el hueco de la puerta mirando hacia la calle sé que soy una mujer me miró el cuerpo y veo unos amplio un vestido de colores beige muy apagados, hasta los pies. Sé que llevó la cabeza cubierta con un manto, también en color beis, visto ropas bastante sencilla de mujer humilde y trabajadora, me miro las manos y las tengo ásperas y enrojecidas de tanto trabajar. Tengo el pelo moreno muy largo y lo llevó suelto cubierto por el manto.
La cara la tenía algo cuadrada, la piel bastante morena, los ojos negros o muy oscuros y estaba estropeada porque llevaba una vida mala pero había sido una joven guapa y todavía era algo joven, lo que pasa es que parecía mucho mayor de lo que de la edad cronológica que debía tener.
Estaba como digo de pie en el hueco de la puerta, muy impaciente mirando hacia la calle retorciéndome las manos sobre el vientre, porque sabía que iba a venir alguien y estaba deseando que viniera, entonces miré por encima de mi hombro derecho hacia el interior de la sala central de la casa, era una habitación mediana muy sencilla, que casi el único mobiliario de calidad que había era una gran mesa de madera y habían dos sillas de madera, apenas habían más muebles, a excepción de una especie de cómoda de madera con cajones, donde mi esposo guardaba sus escritos.
Sentado a la cabecera de la mesa estaba el que era mi marido, llamado Didimo, el escribiente de Tomás y que la vida actual es mi hermana, pues le reconocí los ojos, y en esa vida os tenía más oscuros, casi negros pero muy parecidos a los que tienen en esta vida actual. Aunque estaba sentado, debía ser de estatura algo elevada, bastante corpulento, muy ancho de espaldas, vestido con una túnica de colores claros, aunque llevaba encima una especie de manto un poco más oscuro. No habían colores fuertes en esa vida.
Mi esposo tenía la piel bastante bronceada y el pelo blanco, largo hasta los hombros. Era un hombre algo anciano. Era alguien importante, pues evidentemente sabía leer y escribir, pero la gran mayoría de la población no sabía. En algún momento había pertenecido a una familia importante, pero por no sé qué circunstancias llevando una vida más humilde, y de hecho consiguió casarse conmigo que era una de las muchachas más guapas del pueblo y que no me maltrataba pero tampoco me hizo feliz, y de hecho no pude tener hijos.
Él era una persona muy severa y me trataba mal, pero en realidad así éramos tratadas todas las mujeres de esa época.
Finalmente, veo venir por la calle a un hombre, que venía en un burro, y me giré porque mi marido me gruñó, me preguntó si ya venía y cuando volví a mirar hacia la calle vi que ese hombre era Tomás, el que escribió el Evangelio gnóstico según Tomás, era un hombre bastante alto también para la época, delgado, con el pelo negro, mal cortado, largo por atrás y un poco más corto por la zona de la cara, muy despeinado. La piel era muy negra y la nariz aplastada, los ojos muy oscuros, se notaba que es una persona sencilla o que vivía lejos de su hogar, venía sucio, pero sus ojos eran los de una persona amable, a mí me miraba con amabilidad, para mí eso ya era mucho para lo que me puede hacer esperar.
En seguida me aparte de la puerta y lo invité a pasar y en cuanto saludó a mi marido se sentaron los dos a la mesa, mi marido estaba sentado en la cabecera de la mesa y Tomás a su derecha. Yo me escabullí rápidamente a la cocina, y como se esperaba, volví a salir con dos vasos de barro  y de bordes algo irregulares llenos de vino, y ya no tenía otra opción que irme de allí, no me podía quedar, pero resulta que a mí me encantaba escuchar a Tomás, y su mensaje y creo que era Católica, que había oído hablar de Jesús y me interesaba muchísimo su mensaje.
Yo ya tenía hechas todas las tareas, pues los días que iba a venir Tomas yo madrugada más lo hacía todo y mientras él hablaba, yo me arrodillaba en el suelo, junto a la puerta de la cocina, y allí pasaba todas las horas que podía, pues Tomás vino casi a medio día y estuvo hablando  hasta que se ponía el sol y yo le escuchaba con gran atención para pillar todo lo que pudiese del mensaje y para mí eran momentos de exaltación, de alegría y luego por las noches cuando ya me acostaba, me pasaba muchas horas rumiando todo lo que había escuchado, buscando significados.
A mediodía les serví dos platos de barro llenos de un guiso con tacos de cordero, y ví los manuscritos que estaban allí a medio escribir. Por la noche cuando ya se había marchado Tomás y mi marido está sentado en la mesa, pensando en todo lo que había escuchado, me acerqué y le ofrecí un vaso con alguna bebida y permanecí durante unos momentos a su lado a ver si quería compartir alguna reflexión conmigo, pero nunca lo hacía y me mandaba a la cocina y ya sólo podía esperar a la siguiente visita de Tomás ver qué podía escuchar a escondidas.

A. PILAR MARTÍNEZ RUIZ

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