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jueves, 17 de marzo de 2016

Vida pasada SIRENAS 4: SIRENAS DESTERRADAS DE SU HÁBITAT POR CATÁSTROFES NATURALES


En esta vida anterior mía yo era una sirena.
En el instante de la visión, lo primero que percibí fue que me encontraba bajo el agua, pero un agua muy poco profunda, cálida, y atravesada por fuertes rayos de sol, era un lugar paradisíaco que yo ya conocía y que me encantaba, se trataba de una pequeña cala, poco profunda, que se abría  al abrigo de un enorme acantilado de gran altura, que hacía de la playa y la orilla del mar llena de rocas un lugar totalmente inaccesible e inhabitado, y por lo tanto, perfecto para nosotras, libres de subirnos a las rocas a tomar el sol, reunirnos, comunicarnos, y relajarnos.
 Era una zona segura, cálida, preciosa, que siempre me había encantado, pero por alguna razón, me sentía muy mal y no quería acercarme, ni salir del agua, pero tenía que hacerlo, así que subí hasta la superficie, me agarré a una roca con ambas manos, y me impulsé con los brazos, hasta que me tumbé boca abajo sobre una roca, hasta que levanté mi cuerpo apoyándome en mis manos, mientras que mi gran cola cubierta de escamas grises permanecía apoyada en la roca, lo que me permitió observar que la piel de mis brazos era muy pálida, tan blanquecina que azuleaba. También vi que mi pelo rojizo oscuro me caía sobre los brazos y sobre la roca.
 Antes de salir a la superficie del agua, percibí que había muchísimo ruido, mucho ajetreo fuera del agua, y cuando salí y miré a mi alrededor, confirmé que habían muchas otras sirenas sobre las rocas cercanas a la orilla del mar. Sobre una roca bastante cercana a la que había elegido yo, vi a la que actualmente es mi hermana y colaboradora en reticulun, María Martínez Ruiz, que también era una sirena, como ya lo hemos visto en otras vidas pasadas y que estaba también allí, esperando, tumbada sobre una roca rojiza, peinando con sus dedos su larga melena morena.
Nos habían convocado en aquél lugar, y estaban esperando a que nos reuniéramos todas las sirenas de la zona, o al menos el mayor número posible de sirenas. Entonces me giré, y vi que había muchas sirenas,  al menos 20 ó 30, aproximadamente, puede que más. Creo que todavía estamos esperando que llegasen algunas más.
Me llamó la atención otra de las sirenas que había cerca de allí, sentada sobre otra roca cercana a la orilla del mar y al acantilado, porque vi sus ojos negros, que como los de todas las sirenas, eran completamente negros, de forma ligeramente almendrada, pero la identifique con una compañera del colegio de cuando era pequeña en esta vida actual. En aquella vida en la que ambas éramos sirenas, ella tenía el cabello castaño, bastante largo y enredado, que le caía sobre los hombros y la espalda. La cara era muy similar a la de otras sirenas, con bordes irregulares, como la cara de un dragón, los labios muy gruesos, la nariz casi inexistente, apenas tenía una nariz muy poco destacada, con dos pequeños orificios, y por supuesto, esos ojos grandes y negros, y la piel era también blanquecina, tan pálida que azuleaba.
Entonces, a la altura del centro del acantilado, sobre unas grandes rocas, había un gran macho de nuestra raza, el primero que he visto hasta ahora. Él era de un tamaño mucho mayor que nosotras, tenía una larga melena blanca, muy enredada también, y larga barba blanca y era mucho más mayor que nosotras, más anciano y de mayor tamaño y corpulencia, de espalda muy ancha y musculatura muy desarrollada.
De algún modo, supe que era como el anciano de nuestro pueblo, al que seguíamos, Si hubiese una jerarquía o un gobierno entre nosotros, sería como el Rey. Él nos había convocado allí para hablar con nosotras, y nos comunicó que el mundo está cambiando, que se producirían grandes transformaciones en el mismo.
Unos momentos antes de que él comenzara a hablar, yo recuerdo que a veces me metía al agua aunque mis manos seguían sujetas a la roca, sumergía el cuerpo y la cabeza bajo el agua, y me quedaba quieta y escuchaba, y el mar estaba completamente en silencio, lo cual no presagiaba nada bueno, porque ese mar era un hervidero de vida habitualmente.
Entonces, de repente, todas las sirenas enmudecimos todavía más, y percibimos que desde una gran distancia mar adentro nos llegaban unas vibraciones u ondas muy fuertes, que nos indicaban que a mucha distancia de allí había habido un gran maremoto y nos llegaba el sonido. Entonces este macho anciano nos dijo que efectivamente eso sólo era una prueba más de que se estaban produciendo grandes cambios en el planeta, que aquella zona ya no era segura, y que tendríamos que abandonar aquella zona para siempre, debíamos emigrar todos en masa, y recibí una imagen mental que me indicaba que estábamos a la altura del ecuador, aproximadamente, y que deberíamos dirigirnos hacia el norte del planeta, hacia aguas que eran más frías que las de aquel lugar paradisíaco.
Esa era nuestra única opción de encontrar un lugar en el que sobrevivir a lo que estaba por venir, sin embargo, no teníamos ninguna garantía de hacia dónde debíamos dirigirnos exactamente, a dónde íbamos a llegar, y si en las nuevas aguas estaremos a salvo, y cual sería nuestra calidad de vida en aquél lugar.
Entonces, el ambiente que se extendió sobre todos nosotros como un pesado manto era de total tristeza y  desesperanza.

 Muchas gracias y hasta la próxima.

27/09/2.015

A. PILAR MARTÍNEZ RUIZ

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