Como en otras ocasiones, el 12/05/2015 me encontraba recargando mi sistema energético con energía mediante la imposición de manos, y al colocarlas sobre mi segundo chacra, enseguida comencé a visualizar otra vida anterior mía.
Yo era una mujer humana. Mis ojos eran exactamente iguales a los que poseo en esta vida actual. Mi pelo, que ahora es castaño, era entonces totalmente negro, una larga melena encrespada. Mi piel estaba algo bronceada.
Tenía abundante vello facial. Vestía una especie de vestido marrón sujeto en uno de mis hombros, e iba descalza. Estaba bastante delgada e iba algo sucia, como cubierta de polvo, por lo que parece que debía trabajar bastante en la tierra o en alguna otra ocupación parecida.
Me encontraba en una sala subterránea, suavemente iluminada por luz artificial, pero en la que no entraba la luz del sol. Tengo la certeza de que ese lugar se encontraba en nuestro planeta, pero bajo tierra.
Yo me encontraba en una amplia estancia que parecía parte de un laboratorio o una especie de sala de ordenadores, ya que situados junto a una de las paredes de la estancia había alineados montones de dichos ordenadores, que eran bastante voluminosos, parecidos en cuanto a forma y tamaño a una lavadora actual, pero algo más grandes, de color gris claro, y en la parte superior había una especie de pantalla, y muchos botones y pequeños pilotos luminosos encendidos… habían bastantes en total, y mi visión periférica percibía que de vez en cuando alguien, un reptiliano, se paseaba por el pasillo central de la sala como controlando dichos ordenadores, a veces presionando diversas teclas situadas en la parte superior de algunos de ellos.
Esa sala daba a un pasillo amplio, que en ese momento no podía ver bien, pero que en otra visión sí pude divisar, tal y como detallo en mi artículo titulado “Otras visiones de los reptilianos 1”. Enlace a “otras visiones de los reptilianos 1”
Yo me hallaba frente a la pared de los ordenadores. Estaba tumbada boca arriba en una especie de bloque de piedra, bastante grande. En aquellos momentos un gran reptiliano estaba de pie junto al bloque de piedra, y estaba abusando sexualmente de mí. Era en verdad similar los reptilianos que aparecen en las ilustraciones incluidas en la página web de Anton Parks. Era de forma humanoide, mucho más alto y corpulento que yo, y tenía una cola que le llegaba al suelo y que movía hacia los lados. Su cabeza era bastante alargada en su parte posterior. Su piel era verde algo oscuro, cubierta de escamas. Yo pensaba que su tacto resultaría viscoso, pero no. La piel era fría y seca, algo áspera, y su tacto me resultaba sumamente desagradable.
Sus ojos tenían el iris de color amarillo, y la pupila era negra y alargada, parecida a la de los felinos. Su mirada era cruel, se estaba divirtiendo con lo que hacía, pues para él debía tratarse simplemente de un juego: se apareaban con hembras humanas para ver qué ocurría, qué frutos podrían surgir de dicha combinación genética, por mera curiosidad, ya que para ellos nosotros, los humanos, no significábamos nada, carecíamos de valor.
Tengo la certeza de que esto lo hacían con regularidad, y esto me fue confirmado por otras visiones, como por ejemplo en la que detallo en mi artículo titulado “Otras visiones de los reptilianos 1”.
También tuve ocasión de escuchar los sonidos que emitía, aunque no sé bien como describirlos. Algunos de ellos me recuerdan al ronroneo de los gatos, ya que parecía vibrar desde el centro de su amplio pecho, pero luego ese u otro sonido distinto salía de su boca. No se parece a ninguna voz humana que yo haya escuchado nunca.
También recuerdo que ese ser tenía una lengua estrecha pero gruesa, y sobre todo muy larga. A veces abría la boca y podía ver esa legua retorciéndose en su interior.
Durante todo el episodio yo estaba totalmente aterrorizada, en estado de shock, sin atreverme a moverme.
Luego pude ver cómo yo misma abandonaba aquél lugar a pie, por una puerta de amplias dimensiones que se abría en una pared de roca, y que daba a un amplio camino de tierra. Parece que la ciudad subterránea estaba situada bajo una zona montañosa, y la aldea de la que yo provenía se encontraba a cierta distancia de allí, pero se podía ver a simple vista desde aquel lugar, ya que la aldea se encontraba situada en una gran llanura. El paisaje era árido y seco, casi sin vegetación, como si estuviésemos en un desierto o en una zona semidesértica. La aldea consistía en apenas unas cuantas tiendas de forma circular, construidas con barro y hierba seca, parecidas a las típicas tiendas de los indios que se suelen ver en las películas del oeste.
Yo no fui desterrada de la tribu a la que pertenecía, pero sí que estaba estigmatizada, y es que durante la terrible experiencia que viví con los reptilianos quedé embarazada. Pero no se trataba de un embarazo normal. El ser que crecía en mi interior era mucho más grande de lo que correspondía, y a los pocos meses de embarazo yo ya tenía un vientre enorme, y grandes bultos deformaban mi cuerpo cada vez que se movía, lo que permitía observar a simple vista su gran tamaño.
Finalmente tuve lo que debía ser un aborto espontáneo, pues no parecía ser un parto normal, y el embarazo no había llegado a tener la duración de uno humano. Yo me encontraba dentro de una de las tiendas de la aldea, tendida en el suelo, atendida por las comadronas del lugar, que tenían cara de miedo, y que no podían hacer nada por mí, pues yo estaba empapada en sudor, y tenía fuertes contracciones, pero creo que la criatura era demasiado grande para poder atravesar el canal del parto, y yo morí allí mismo.
Poner enlace artículo.
A. PILAR MARTÍNEZ RUIZ

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