De esta vida puedo destacar primero que era normal ver a estos seres reptilianos cerca de nosotros y segundo que tuvieran mascota, como en la actualidad hacemos muchos humanos.
Yo era un chico caucásico, joven de unos quince años, de piel blanca y pelo negro. Estaba en un bosque muy denso, la vegetación que era muy verde tenía como medio metro de altura, los arboles eran altos y grandes, yo estaba de espaldas en un gran árbol que podía tener perfectamente un metro o metro y medio de anchura.
Había visto un animal peligroso que era algo parecido a un cocodrilo, muy grande pero en vez de tener la piel como la tienen los cocodrilos actuales, tenía la piel brillante y con dibujos, al igual que las serpientes de ahora.
Este animal caminaba a un palmo del suelo más o menos, no iba arrastrándose cómo los cocodrilos actuales, paso por mi derecha dirección Este, y al lado de él a su izquierda iba un reptiliano, no lo vi bien porque me escondí, me quedé quieto, absolutamente inmóvil protegido por el gran árbol esperando que pasaran de largo, pues sabía que si no me había visto el cocodrilo seguramente ya no me verían.
No tenía un miedo aterrador, tenía miedo sí, pero sin embargo es como si fuera normal que estos seres estuvieran por allí, parecía la escena de un cazador que va azar con su perro para que le traiga las presas o simplemente estaban paseando.
El reptiliano que solo vi de espaldas pues no me arriesgué a mirarlo más de lo necesario, tenía la piel verde muy musculosa pero menos brillante que la del cocodrilo, sin escamas y lisa, tenia los músculos del cuerpo muy marcados. Tenía algo por toda la parte central de la espalda como espinas salientes o algo así.
De esta vida puedo destacar primero que era normal ver a estos seres reptilianos cerca de nosotros y segundo que tuvieran mascota, como en la actualidad hacemos muchos humanos.
27/09/2015
MARÍA MARTÍNES RUIZ
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