Esta vida no es mía, sino que
pertenece al sujeto al que llamaré Dora.
Lo que destaco de esta vida, es que hace
aproximadamente 400.000.000 años, hubo reptiles viviendo en Júpiter, y que el
Sol, fue la causa de que ésta desapareciera, al menos la que existía en aquellos
momentos.
Lo primero que veo es agua en una
playa, tiene poca profundidad y suaves olas chocan contra unas rocas muy extrañas,
muestran una forma parecida a las ondulaciones de las conchas, son oscuras,
rugosas y están recubiertas con una fina capa de una sustancia parecida al
musgo, pero oscura y viscosa.
Yo camino erguido detrás de un reptil
parecido en tamaño y forma a un cocodrilo, pero con rasgos más suaves, como un
antepasado más bondadoso que los cocodrilos de la Tierra , con la trompa más
corta y el cráneo bastante más elevado, dejando a los ojos sin sobresalir de la
cabeza y de color verde algo oscuro.
Llegamos a unas estrechas escaleras,
me miro los pies para ver cómo son y tienen tres falanges delanteras unidas por
membranas y otra falange trasera, todas terminadas con garras de un color amarillo
oscuro. Mis patas y muslos son de reptil, finos y con escamas amarillentas.
Mientras subimos las escaleras miro
hacia mi derecha y las vistas son indescriptibles, son de fantasía, nada
parecido a la Tierra ,
que yo sepa. Observo un amplio y bello paisaje, no son árboles, sino que
parecen construcciones de piedra cubiertas del extraño musgo que vi en las rocas
del camino. Puede que sea una gran ciudad, donde vive una parte de los
habitantes de este planeta.
A la izquierda, veo como un muro de
piedra que se alza apoyado en una elevación de piedra montañosa de un ángulo de
unos 60 grados. Esa piedra también esta cubierta de la misma sustancia que las
demás. Dicho muro que rodea la fortaleza construida en la roca, no se eleva de
forma continua, sino que a media altura tiene un escalón de un metro y medio, más
o menos, de ancho, del cual salen llamas sin cesar. No se si su fin es calentar
el lugar o protegerlo con la barrera de fuego que arde de forma homogénea.
Esa escalera estrecha por la que subo,
finaliza en un espacio ovalado y amplio, parece la recepción del lugar y da
paso a una escalera mucho más ancha de escalones bajitos, que se adentra en un amplio
túnel excavado en la roca. Dicho espacio ovalado está protegido por un reptil
muy grande, unas cuatro veces más alto que yo. Parece un vigilante o guardián
que nos deja pasar.
Yo sigo caminando tras el mismo reptil
que me acompaña desde el principio, ese que parece un cocodrilo, hasta que llegamos
a mis aposentos, tras lo cual se marcha. La estancia es ovalada, con el suelo
cubierto de agua poco profunda. En el centro hay una roca ancha, rugosa y negra
que va desde el suelo hasta el techo, en el centro es mucho más estrecha, y el
ángulo que forma es el necesario para dormir tumbado boca abajo. Es una
estancia cómoda y agradable para mí.
Miro por la ventana y observo el Sol
rojo en el horizonte, entonces miro mis manos para ver como son, y tienen al igual
que los pies, tres falanges con unidas por membranas, una cuarta atrás y garras.
Decido mirarme en el reflejo del agua para ver qué aspecto tengo. Soy un
reptil, con los ojos correspondiente, doy miedo, parecido a los lagartos de la Tierra , con la mandíbula más
alargada que la de una serpiente.
No se cuánto tiempo transcurre antes
de abandonar esa habitación, pero el mismo ser que me acompaño hasta ellas
regresa para conducirme a mi nuevo destino. Bajamos las mismas escaleras y me
dirijo a la reunión para la que he ido hasta allí. El Sol sigue en el
horizonte, no es ni de día ni de noche, sino un perpetuo ocaso.
Ya en la sala de la reunión, me veo en
una mesa ovalada, de piedra rugosa y más ancha en su base que en la parte
superior. Tiene esa forma para que nos podamos tumbar bocabajo sobre ella, es
nuestra forma de estar cómodos, en vez de sentarnos como hacemos los humanos.
El jefe que preside la reunión, tiene
cabeza de dragón. Formando una uve, se marcan dos líneas que van desde el
hocico hacia la frente, dichas líneas se conforman de pequeños bultitos puntiagudos
echados hacia atrás. El cráneo tiene algo parecido a cuernos, pero aplastados y
también unos salientes terminados en punta, muy parecidos a los dragones. Los
ojos son completamente azules, a excepción del iris que es negro, el resto del
ojo es de ese azul extraño.
Sin embargo, el cuerpo es de
serpiente, pero además tiene alas y también brazos, no distingo si tiene patas
por que no puedo verle, ya que la mesa lo tapa.
Somos siete sin contar al jefe y todos
diferentes a él, tenemos forma parecida a los lagartos, pero cada cual con
nuestras peculiaridades y los ojos del mismo tipo. Por ejemplo el que está a mi
derecha tiene la trompa más redondeada que el resto.
Miro por la ventana y veo el Sol que
continua en el horizonte, es muy rojo aunque ilumina poco. Nos hemos reunido
ahí por que pasa algo grave, parece que Júpiter fuera a dejar de ser habitable,
no se si es por el Sol o por alguna guerra próxima. Yo siento que soy un buen
ser, por que no hay odio ni maldad en mí, estoy en plan sumiso, como de
obediente.
Intento saber qué hacemos allí, pero
ya no lo veo claro, así que seguiré investigando en otra regresión.
MARÍA MARTÍNEZ RUIZ
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