Esta vida pasada no es mía, pertenece
al que llamaré sujeto 86
Lo que concluyo de esta vida es que
una cultura o pueblo, en el año 600
A .C. fue masacrada por adorar a la cabra y no al dragón.
Lo que significa que matar a otros por no tener las mismas creencias de fe,
sean las que sean, e algo que ya viene de lejos.
Estos hechos acontecieron en algún
lugar situado en el centro-este de la actual China.
Lo primero que veo es un tronco de madera
tallado y con tres líneas semicirculares que suben en espiral, una central mas
ancha y a cada lado otra la mitad más pequeña que la central en su color
natural, de unos siete metros de altura y un cabra completa superpuesta en su parte
superior. Mi una cultura adora a la cabra y yo estoy rezando, pidiendo algo.
Tras rezar voy caminando por un camino
estrecho desde donde veo la orilla con grandes piedras oscuras y redondeadas de
lo que creo es un gran lago. Al final del paseo me subo a una barca que va dirección
noreste.
Miro mis manos y son de piel oscura y
algo rojiza. Soy una mujer hindú, pienso en cómo es mi aspecto y soy una joven
muy guapa.
La barca en la que estoy montada, tras
un tiempo llega a una especie de entrada estrecha que desemboca en la base de unas
escaleras que conducen a la entrada de un edificio grande, es un templo grande
y antiguo. Las escaleras están cubiertas por una alfombra de color vino.
Bordeando toda la escalera hay pequeñas figuras talladas en piedra de unos
animales parecido a los leones, no los que conocemos en la actualidad, pero sí
parecidos a otras figuras que he visto en Internet.
Subo unos treinta peldaños aterrada,
pues voy a contraer matrimonio con hombre al que no conozco de nada. No se si
será un monstruo o un hombre que me deje llevar una vida sin sufrimientos. Me
han traído desde mi pueblo para casarme con él, me han elegido por mi
extraordinaria belleza, seré una reina o alguien muy poderosa, pero eso no
significa nada para mí, pues mi vida con un mal marido puede ser un infierno,
viva como viva.
Tras subir las escaleras, veo aparecer
a un hombre vestido con ropas similares a las típicas hindúes de ahora. Me
quedo gratamente sorprendida, pues el hombre que tengo ante mí me causa muy
buena impresión, no solo por que es guapo, con grandes ojos negros almendrados
y rasgados, barba negra y una piel oscuro rojizo, sino por que veo nobleza en
su mirara, sin duda parece buena persona.
El templo en el que me hallo es una
pasada de precioso, de forma cuadrada de una altura de dos pisos. Todo está muy recargado
con la piedra labrada, es muy ostentoso. Veo es una fila de cabezas cabras,
tienen los cuernos echados hacia atrás, redondos y terminados en rosca (como los de las cabras montesas).
Lo siguiente que veo es que me siento
a su izquierda y él está a mi derecha, ya estamos casados y me muestra ante
nuestro pueblo.
La zona en la que vivimos tiene
grandes relieves, incluido algunos picos escarpados, altos y estrechos, y
grandes montañas con un rió serpenteante que las atraviesa. Veo dos templos
construidos en las elevaciones escapadas y finas que terminan sobre una pequeña
base donde se emplazan dichos templos. El primero que veo sobresale en altura
del resto de elevaciones y desde el cual puede observase toda la zona, el otro
templo es como el anterior pero situado un poco más lejos y sobre otra elevación
pero a menos altura.
Tienen forma rectangular y están
constituidos por seis pilares redondos a los lados y dos en los frentes, no
tienen paredes y la parte superior tiene la misma estructura que el templo
grande donde conocí a mi esposo, terminado en forma de pirámide y con muchos
labrados.
Pregunto que tiene de interés esta
vida y trascurridos unos años de felicidad veo un ejército a caballos bajando
una ladera, su misión es defendernos, pues vamos a ser atacados. Al norte, por el rió se
aproximan barcos, parecen dragones de madera en cuya base van alojados los
soldados. Vienen a invadirnos, son nuestros enemigos.
El motivo del ataque es que ellos
adoran al dragón y no pueden consentir que alguien venere a la cabra. Además de
por barco también nos atacan por tierra, van a caballo y llevan unos carros con
jaulas con animales parecidos a los perros, pero muy robustos, con la cabeza
estrecha y el hocico ancho y redondo, de ojos pequeños y
dientes afilados.
Estos animales atacan y de echo uno a
mi me muerde en el brazo, ayudan a los invasores, que al ir a caballo se libran
de sus ataques, al menos creo que es por ese motivo, pero puede ser que
distingan a sus presas que somos nosotros, de sus amos.
Tengo una hija de algunos meses, a la
que veo metida en una cesta y que alguien se la lleva para protegerla. Creo que
no nos matan a todos, pero ya dejamos de ser una comunidad propia para
someternos a sus designios.
MARÍA MARTÍNEZ RUIZ
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